GUARAGUAO #26
invierno 2007
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Vimos paisajes chilenos tirados en una barraca y espinas
de grúas cortando el oscuro cielo
Apilados unos arriba de otros como carcomidas planchas
marcadas con tiza y playas herrumbrosas y desiertos id. y
fierros rotos con pedazos de cordilleras
Le pregunté entonces al tipo que mandaba que qué iban a
hacer con esas carcasas y él me contestó meterlas en la
bodega del Maipo y yo: «fue un barco de prisioneros» y
él: «y no ha cambiado de rubro amigo así que mejor te las
emplumas» y hacía frío y mis amigos sollozaban entre
los prisioneros y los herrumbrosos paisajes del despertar
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No era un bonito lugar y algunos maldecían a Dios y
otros lloraban recordando a Sión
Era una playa chilena llena de escombros y barcos
acorazados vigilándonos desde la bahía y yo me dije da
lo mismo este lugar que cualquier otro
Y nuestras espaldas parecían llorosos valles cuando se
nos esfumó la vida y los escombros de nuestras
asesinadas vidas se amontonaban en la playa y no era
un bonito lugar se los juro amigos pero al otro día
los acorazados ya no estaban y éramos solo unos
fulanos perforados mirando el cielo rojo del atardecer
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Y habían unas máquinas de estiba y cientos de neveras
incendiándose en el molo
Se está quemando la cordillera gritó el cap. sacando los
extintores y yo le dije son sólo unas neveras y él me
contestó: tendrás un amargo despertar amigo
Y el resplandor enrojecía la inmensa herradura del mar
y atrás se veía el molo y miles y miles de neveras
calcinadas y otros paisajes chilenos cubiertos en lonas
tal como cubrieron nuestros cadáveres en el amargo
despertar Te lo dije me gritaba ahora el capitán de pie
mirando las cumbres de los Andes arder frente al Pacífico
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Como un relámpago se vio arriba el océano suspendido
y abajo miles de tanques destrozados en la playa
En la clase 79 y el profesor mostrando el pizarrón
dijo: «cayó la costa chilena» y luego vio el Pacífico
subiendo entre las nubes
Mostrando sus barridas rompientes sobre las cimas de
los Andes y abajo caravanas y caravanas de tanques
destrozados sobre la playa Morimos pero la visión
nos borró los ojos responden los de la clase 79 mirando
el Pacífico tenderse sobre las cordilleras como si el
Atlántico lo llamara desde el otro lado de las montañas
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Y el cielo parecía un mar a pedazos cubriendo la costa
muerta
Allí donde nos encontrábamos llorando y recordando
nuestra tierra y uno le dijo al guardia «tenemos
derechos» y él le contestó «eso díganselo a D»
Mientras detrás las empalizadas cordilleras crecían y
eran como archipiélagos las cumbres de los Andes
enterrándose en el cielo Haré que el mar sea el cielo
dijo D cuando nos arrojaron a pedazos frente a las
costas chilenas Mierda con las costas chilenas gritó
uno de los guardias adelante el cielo caía como el mar
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Habían trozos de mar colgados en las letrinas de la 420
y pájaros graznando sobre los roqueríos
Vieron Los pájaros nos preguntó burlándose el cabo de
guardia y uno de los nuestros le dijo: «nadie está para
peliculitas en las letrinas de la Unidad 420»
Ustedes se la pierden dijo el cabo de guardia y yo le
contesté: está bien que aparezcas en tus películas pero
tú aquí ¿en las letrinas de los torturados? y Hitchcock
replicó qué hacerle y afuera las aves graznaban y era
todo el Pacífico el que graznaba morado como un
inmenso pájaro carroñero picoteándonos entre las rocas
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Esos sí que son acantilados amigo me gritó debajo las
olas se reventaban bramando
Dibujándose y desdibujándose tal como se dibujan los
flujos y los reflujos de la desdicha como las marejadas
espumeando ante nosotros
Mostrando nuestros brazos muertos las piernas los
torsos que ondeaban flotando bajo esos paredones
Hay un mar de muertos flotando frente a los paredones
amigos allí donde se revientan las rompientes y son
nuestras propias caras las rompientes reventándose y
reventándose contra los acantilados de estas desgracias
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Y así: desmembrados de amor como muñones vimos
las estibas del Sector 5
Frente a la negra hoya del océano abandonados entre
los viejos restos del día estrujándonos el dolor con los
brazos
Apretándonos llorándonos tocándonos con los otros
pedazos de Chile y éramos nosotros las llanuras de
tierra que las palas mecánicas ordenaban en filas sobre
el muelle Pero cómo dijo el operario los bultos
chilenos no van al Sector 5 mientras las palas movían
nuestros restos hacia las estibas finales de la madrugada
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Entonces sobre los molos del horizonte se dibujaron
los últimos paisajes
Envueltos en lonas mientras el vacío que dejaban se
iba llenando con otros restos con otros bultos tapados
en los muelles
Alineados como si fueran filas de escombros y el cielo
otro montón de escombros cayendo sobre ellos Les
sacaron a bayonetazos el cielo y por eso cayeron los
paisajes nos gritábamos arrojados con las manos en la
nuca sobre los molos de Chile de bruces tapados
como filas de bolsas negras vaciándose en el horizonte
RAÚL ZURITA (Santiago de Chile, 1950), ha publicado entre otros los libros Purgatorio, Anteparaíso, La Vida Nueva, INRI y Los Países muertos. Ha obtendiodo las becas Guggenheim y DAAD y entre sus premios destacan el Premio Nacional de Literatura de Chile y el Premio José Lezama Lima de Cuba. Actualmente es Profesor de Literatura Creativa en la Universidad Diego Portales, Chile.

