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Biblioteca para el diálogo

Primera entrega
Historias Americanas:
los cuentos de Guaraguao

GUARAGUAO #25
verano 2007

Biblioteca para el diálogo

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Una de las razones básicas que ha nutrido el espíritu de Guaraguao desde su nacimiento ha sido servir de eco a la nueva realidad creativa de América Latina y, al tiempo, avanzarse a ella. Ese doble objetivo, no divergente o contradictorio, sino complementario, se justifica en el convencimiento, hoy ya universalmente admitido, de que una década atrás la literatura latinoamericana estaba virando hacia una multiplicidad de caminos que anunciaban la ruptura, por fin, con los padres del boom. No deja de ser una coincidencia feliz y significativa que en el año en que se celebran cuatro décadas justas de la aparición de Cien años de soledad, la novela que representó el disparo de salida a un movimiento que cambió la forma de leer de, cuando menos, dos generaciones de lectores, Guaraguao pueda agrupar una selección de relatos que demuestra cuán lejos y cuán cerca a la vez se encuentran las preocupaciones de los actuales narradores de quienes protagonizaron el primer levantamiento cultural del continente realizado con éxito. ¿Qué ha ocurrido en Argentina, México, Perú, Cuba, en Latinoamérica en general después Gabo, de Vargas Llosa, de Rulfo, de Cortázar, de Onetti, de Edwards, de Lezama...? La respuesta, parcial, insatisfactoria, incitadora, reside en Historias americanas. Los cuentos de Guaraguao, una obra que, inscrita en la perspectiva de los últimos cuarenta años, indica hasta qué punto se ha doblado un cabo que se resistía. La colección de relatos que aquí se presenta no pretende, sin embargo, hacer un bobo elogio de la novedad. La edad de los narradores recogidos, afortunadamente, se mueve entre los ochenta años (Fonseca) y los treinta y pocos. Y si hay una cifra que predomina sobre las otras, son los cuarenta y tantos. La narrativa latinoamericana de ahora mismo ni es joven ni es vanguardia y algunos de sus mejores valores cronológicamente se solaparon con el boom. Es algo mucho mejor que eso; es definitivamente plural. Emana de ella una diversidad que bebe del pasado tanto como bebe del presente, y esa razón justifica que junto a los autores que presentan una obra por hacer (o una obra dramáticamente truncada: caso de Roberto Bolaño) se haya incluido un texto referencial para una revista que con toda justicia la eligió como título: El Guaraguao, de Joaquín Gallegos Lara. El relato breve del escritor de Guayaquil conserva intacto un atrevimiento vigente por encima de las generaciones y los ismos. Ese es el valor que querría ilustrar este libro. Hace ya veinte años, cuando era una herejía hacerlo, el barcelonés y apátrida Juan Goytisolo abominó de “los cien mil hijos de García Márquez” surgidos al amparo del realismo mágico; y aunque en proporciones menores la misma frase podría aplicarse a los hijos de Cortázar, de Borges, etcétera. Han sido necesarios veinte años más para descubrir que había vida después del boom. En esta vida nueva se reúnen mimbres de cualidades distintas filtrados por el tamiz necesario de la calidad. Los autores que se recopilan no representan por sí mismos a nada que no sea su propia voz. Y la nómina es la mejor prueba de ello: Rey Rosa, Bolaño, Sada, Fresán, Fadanelli, Castellanos Moya, Sanders, Ampuero... Un cóctel hecho a base de lo que cualquier lector avezado y avisado entenderá como ingredientes incompatibles. No existe un sentido de movimiento, ni siquiera a nivel de país o región específica, como tampoco hay, ni dentro ni fuera de los aquí seleccionados, un nombre que sirva de banderín de enganche a una estética o una ética de carácter general. Hubo quien, hace apenas un lustro, intentó asignar ese papel a Bolaño. Cuatro años después de su muerte, el chileno sigue siendo lo que él cuidadosamente eligió ser: un gran solitario. Los temas que tratan los relatos son diversos y se afrontan con técnicas y visiones diferentes. El mito de la literatura entendida como verdad y reflejo de una realidad articulada parece haberse hundido de manera definitiva. Y ese tránsito, que pasando por la posmodernidad en tantos otros lugares ha desembocado en las recetas de cocina, acá más bien parece alumbrar algo próximo a la multiplicidad del archipiélago. No simbolizan nada y el único requisito que se les exige es el de ser coherentes con la búsqueda que proclama su obra más o menos extensa. La revista Guaraguao no presume de dar lecciones de excelencia; no obstante, su prioridad sí es la excelencia. Mantener ese requisito le ha permitido agrupar un fondo notable de relatos que iluminan lo que hoy es ser creador y latinoamericano. Buena parte de los textos aquí publicados han sido solicitados, discutidos y analizados con un rigor rayano en la crueldad. Y su publicación ha sido, en todos los casos, un acto de fe en la literatura. Si se parte del hecho de que tal cosa se haya conseguido en tiempos en los que narrativa ha desplazado sus intereses hacia la estandarización y la facilidad, renunciando a mejores objetivos, el resultado conforta. [Francisco M. Marín]

 

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HISTORIAS AMERICANAS: LOS CUENTOS DE GUARAGUAO

PRESENTACIÓN
Literatura plural, mundo plural Francisco Marín

CUENTOS
El Guaraguao
Joaquín Gallegos Lara
Una aventura literaria
Roberto Bolaño
Sombras por castigo real
Enrique Rosas Paravicino
Hipertenso
Horacio Castellanos Moya
El Gran Mongol
Mempo Giardinelli
El Chef
Rodrigo Rey Rosa
Algunas cosas que recuerdo de aquel viaje
Rodrigo Fresán
Verónica Weddigen, la del ramito en el pie
Roberto Castillo
La vida es compleja
Francisco Hinojosa
Um dia na vida de dois pactários (Un día en la vida de dos presidiarios)
Rubem Fonseca
Bumerán
Gilda Holst
Cada piedra es un deseo
Daniel Sada
Una experiencia teatral
Marcelo Birmajer
La aventura
Fernando Ampuero
Merzapoyera
Élmer Mendoza
El día de San Juan
Guillermo Fadanelli
La barricada
Edmundo Paz Soldan
Medea
Liliana Miraglia
La bella que olía mal
Rogelio Saunders

Portada:
Fotografía de Ismael Llopis