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Revista de Cultura Latinoamericana |
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GUARAGUAO #27 |
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Biblioteca para el diálogo |
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Primera entrega Segunda entrega Próxima entrega |
Pretexto Siempre he pensado que un prólogo es una suerte de
pretexto que sirve para explicar el qué, el cómo y el porqué del material que
el lector tiene entre manos, y que se presta a la vez para sugerir
alusivamente, ex-postfacto, presuntas conclusiones. En el presente caso, dada
la diversidad del material, estimo que ese tipo de propuesta no resulta
válido, y que estas palabras sirven más bien como una especie de carta de
ruta en torno a escritos cuyo central interés se apoya en textos que remiten
mayormente al mundo latinoamericano, desde el sigo XVI hasta épocas más
recientes. Numerosas han sido las preguntas que he imaginado desde
el primer instante en que Cecal (Centro de Estudios y Cooperación para
América Latina) me invitó a que recopilara unos cuantos escritos míos para
reproducirlos en la serie «Biblioteca para el diálogo» que Guaraguao,
la revista del Centro, acababa de lanzar. Si bien desde un comienzo acepté el
proyecto, pronto me invadieron las dudas. Caí en la cuenta de que alambicar
lo que uno ha escrito a lo largo de unas cuantas décadas resultaba una tarea
mucho más ardua de lo que había sospechado. Y ello especialmente por la necesidad
de determinar lo que podría seguir teniendo validez y pertinencia para los
lectores de Guaraguao. De hecho, quería incluir aquel ensayo sobre
cuestiones femeninas, ese otro sobre la noción de vanguardia, alguno sobre el
imaginario social de cierta ciudad a lo largo del tiempo o en la actualidad, y
no menos en torno a otros temas que también me han ocupado: rescate de
textos, teoría literaria de algún autor, refundición de mitos, el uso del
humor, problemas de bibliografía y de epistemología, algo sobre la relación
poder/literatura. A poco me percaté de que eso de la sociología del gusto
literario que tanto me ha intrigado lo advertía resonando en mí mismo. Lo
cual es decir que debido a circunstancias de espacio, del canon en vigencia,
de un presunto público y de horizontes de recepción escritos a los que les
tengo mucho aprecio los he tenido que dejar al margen. |
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Conjeturo,
no obstante, que los ocho escritos que figuran aquí no me afrentan, y que de alguna
manera dan cuenta de un buen número de mis intereses como lector. Diviso
varios apartados. El texto, y no éste o aquel método de moda, es el que dicta
mi lectura. Lo cual no es decir que la teoría literaria ande lejos. La periferia
y los epicentros me han interesado y me constituyen. Así, en los artículos
hay terrigenismo, pero también universalismo, en tanto he tratado de ubicar
los textos dentro de un marco conceptual de amplia acogida. Desde siempre me
he asociado a la idea de que la mayor distancia entre los seres humanos es la
cultura, y dado que mis propias circunstancias me han colocado en el fiel de
lo regional y lo cosmopolita, estimo que del fondo de estos escritos resalta esa
perspectiva, ratificada por el hecho de que uno de ellos aparezca en inglés.
El texto que va de Pigafetta a García Márquez configura bien esos dos últimos
apartados. Ese recorrido desde principios del siglo XVI hasta la segunda
parte del XX, no sólo se interesa en cuestiones de manuscritos, de
influencias y disputas, en temas y formas, en la invención de mundos y el
recurso de la metáfora, en discernir lo real maravilloso, sino que acaba
proponiendo la ventaja de un mayor entendimiento entre culturas. En dicho
ensayo y en los otros se da siempre el anhelo de querer desentrañar un texto,
respondiendo de ese modo a ciertas preguntas que me he planteado como lector.
Quisiera pensar que esas lecturas son instructivas, que de alguna manera iluminan
algún aspecto clave de la obra o del autor en cuestión. Que ese
proceso de lectura me llevó a otras lecturas, ni qué decirlo. Repaso esos
escritos y reconozco que mis redescripciones de las obras se apoyan en las
lecturas que me acompañaron en ese momento y que me sirvieron de herramientas
para pretender descifrar ese texto. Entiendo que esas lecturas no son sino
interpretaciones, que no hay un solo o verdadero sentido de un texto. Entiendo,
además, que cada lectura representó un problema, un aprendizaje, un proceso de
análisis que remitía a una búsqueda conceptual de síntesis. Así, el
estudio sobre El Señor Presidente ubica referentemente a esa novela en
el contexto de la llamada vanguardia histórica. Indaga para ello sobre el
principio del montaje, sobre lo grotesco, sobre la visión de un mundo al
revés, surrealista, y sobre los recursos metafóricos que practica Miguel ángel
Asturias en aras de conferir expresión ética y estética a los tantos aspectos
de una dictadura no siempre accesibles a primera vista. En Los Sangurimas,
también dentro de los confines de la noción de vanguardia, el artículo trata
de explicar el subtítulo de esa obra, «Novela montuvia», teniendo en cuenta
técnicas narrativas provenientes de la colectividad, de las prácticas orales
de una vox populi, mitopoéticas, y de recursos narrativos que no están
lejos de los asociados con el cine. Se sugiere así que la obra de José de la
Cuadra es un logrado esfuerzo, híbrido, de prácticas procedentes de lo
regional y lo cosmopolita. En una y otra de las dos obras indicadas está
presente el motivo del déspota, de las usurpaciones; en ambas, asimismo, se
registra la necesidad implícita de desmantelar todo un sistema de poder, llámese
tiranía presidencial o caciquismo local. Pablo
Palacio cada día cobra mayor importancia como uno de los adelantados de la literatura
hispanoamericana. Cada día suma más a su caudal de lectores. El canon de la prosa
denominada de vanguardia no puede ya excluirlo. No obstante lo mucho que se
ha escrito recientemente sobre su obra, la pregunta que yace en el fondo de
ese artículo –además de recorrer toda la producción del autor, de recuperar
textos y de analizar procedimientos– es tema de actualidad, sigue en pie y es
la siguiente: ¿qué implica el paso, el de Palacio, de la literatura a la
filosofía, qué implica, en un sentido más amplio, la transición de una forma
de expresión a otra? El ensayo sobre Jorge Carrera Andrade también contiene a
su vez una pregunta, y a lo mejor tampoco resuelta. Otra vez el enfoque
incorpora el horizonte de la vanguardia. El énfasis, sin embargo, recae sobre
la figura del autor, derivada ésta de archivos de diferente índole:
correspondencia, autobiografía, comentarios de prensa. Dicha pregunta
escuetamente formulada invita a examinar hasta qué punto hay armonía entre
las declaraciones y pronunciamientos del poeta y sus creaciones. ¿Qué
paradojas, en otras palabras, plantea la producción de Carrera Andrade? Los últimos
tres artículos nos colocan en la segunda mitad del siglo xx. El trabajo sobre
Pedro Páramo es un ejercicio de crítica textual que tiene dos
propósitos fundamentales: 1) puntualizar el genio estilístico de Juan Rulfo,
indicando la singular preocupación expresiva a que atendió el autor mexicano
en su búsqueda de la forma más apropiada para aprehender estéticamente, hasta
la minucia, el palpitar de su pueblo; 2) enfatizar el hecho de que en el
ámbito latinoamericano existe una necesidad imperativa de ediciones críticas,
empezando incluso con la misma nomenclatura de distinguir entre una edición y
una reimpresión. En Hijo de hombre de Augusto Roa Bastos, mi intención
fue poner a ojos vista la manera en que adquieren forma en la novela las
dialécticas luchas del ser humano y sus consiguientes caídas y recaídas. Al
hacerlo, traté de entender los valores simbólicos y metafóricos a que acude el autor
paraguayo para llevar a cabo estéticamente ese cometido tanto al nivel
estructural de la narrativa como al nivel personal, político, histórico y de
la Historia, propiamente hablando. Las intenciones, los sacrificios, las claudicaciones,
y más, apuntan a las diferencias entre traidores y héroes, subrayan la esencial
humanidad de unos y otros. Los rítmicos encuentros y desencuentros que se perfilan
allí figuran prominentemente también en «El Sur» de Jorge Luis Borges. ¿Por
qué Borges declaró que ese fue su mejor cuento y por qué él sugirió al menos
dos posibilidades de lectura? ¿Por qué insistía el autor argentino en disuadir
a sus lectores de que su obra estaba divorciada de compromiso alguno? «El
Sur» resulta una pieza históricamente alusiva que no solo remite a dictaduras
e ideologías inmediatas y de allende, sino que además propone cuán sometidos
estamos a mitologías, a memorias y manipulaciones reales y ficticias, a
entelequias y tradiciones de cuyos valores nocivos, según el caso, y de cuyo
destino, en suma, es difícil distraerse. Los comentarios y recorridos que van
aquí de Pigafetta a Borges no son quizá otra cosa que un cuadro en el que se
yuxtaponen historias, zonas de contacto, transculturaciones y formas. Al
respecto, recuerdo haber leído una meditación de Ortega y Gasset sobre el uso
y la función del marco que aquél define como un aislador y también como una
suerte de ventana y de telón. Acaso lo que propone cualquier discurso es un
marco, una perspectiva, una manera de leer, de concatenar ideas sobre un
texto. Mi labor no ha sido otra que la de querer aclarar, explicar, ampliar,
hacer accesible ese texto desde mi circunstancia histórica y desde mis
límites de conocimientos en ese momento dado. Tal vez, recordando el sentido etimológico
de la palabra, ésa sea, a fin de cuentas, la labor de la crítica. Y no menos,
por contigüidad, invitar al diálogo y a la dinámica de nuevas lecturas. Humberto E. Robles |
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Pretexto 5 The First Voyage Around the World: From
Pigafetta to García Márquez 9 Perspectivismo,
yuxtaposición y contraste en El
Señor Presidente 33 Génesis
y vigencia de Los Sangurimas 55 Pablo
Palacio: el anhelo insatisfecho 62 Jorge
Carrera Andrade: Boletines de crítica 79 Variantes
en Pedro Páramo 98 El
círculo y la cruz en Hijo de hombre 114 El
converso y «El Sur» de Borges: Memoria,
antifascismo, antiperonismo, antibarbarie 149 |
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